Los halcones vuelan sobre Irán
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El mundo parece estar hoy en los umbrales de una conflagración mundial, los tambores de guerra repican cada vez más fuerte y los halcones afilan sus garras dispuestos a despedazar su próxima víctima: Irán.
El contencioso nuclear iraní parece ser la “justificación perfecta” para desatar un nuevo conflicto bélico.
No importa que el gobierno persa insista en que su programa tiene fines pacíficos o muestre disposición a cooperar con los inspectores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).
Las acusaciones siguen en pie, aún cuando los expertos aseguran que el enriquecimiento de uranio por parte de Irán no sobrepasa el 20 por ciento y que para producir una cabeza nuclear se necesita elevarlo a un 90 por ciento.
Nada ni nadie ha podido demostrar que el desarrollo nuclear iraní tiene fines bélicos, pero la controversia internacional, provocada y alimentada por Estados Unidos, mantiene a esa nación en el centro de la diana.
La política del país persa se corresponde con el artículo IV del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), que garantiza a los Estados que no poseen armas nucleares el derecho a producir esa energía con fines pacíficos.

Irán es parte del TNP, el cual tiene por objetivo evitar la proliferación de las armas nucleares y la tecnología armamentística, fomentar la cooperación en el uso pacífico de esa energía, y promover el desarme general y completo.
Ese Tratado entró en vigor en 1970, un total de 189 Estados se sumaron al mismo, incluidos los cinco Estados que poseen oficialmente armas nucleares: China, EE.UU, Francia, Gran Bretaña y Rusia.
En 1997, a instancias de Washington, se aprobó en el OIEA el Protocolo Adicional de los Acuerdos de Salvaguardas, firmado por 107 países, de los cuales 73 lo ratificaron.
A tenor de ese documento los técnicos del OIEA pueden visitar sin aviso previo cualquier instalación nuclear de un país adherido.
Irán se adhirió al Protocolo desde diciembre de 2003, mientras Estados Unidos y Rusia no ratificaron el Protocolo y los 25 países de la Unión Europea (UE) lo hicieron en abril de 2004.
Brasil y Argentina no lo han firmado, y otros países de América, como México o Colombia, se adhirieron a él pero no lo ratificaron.
Una muestra más del espíritu de cooperación de Teherán fue aceptar la propuesta hecha en el 2003 por Mohamed El Baradei, jefe de ese organismo, de que toda la producción del material que pudiese destinarse a las armas permaneciera bajo control internacional.
Con esta proposición El Baradei pretendía abrir las puertas para la implementación de la Resolución de la ONU de 1993 sobre un Tratado de Reducción de Materiales de Fisión (Fissban, por su nombre en inglés, Fissile Material Cutoff Treaty).
Sin embargo, en noviembre de 2004 el Comité de Desarme de la ONU votó en favor de un verificable Fissban y el resultado fue de 147 contra uno: Estados Unidos, con dos abstenciones: Israel y Gran Bretaña.
Al año siguiente la discusión para la aprobación de esa propuesta en la Asamblea General de Naciones Unidas tuvo un resultado similar: 179 a dos, esta vez Palau se sumó a los EE.UU, nuevamente Israel y Gran Bretaña se abstuvieron.


Pese a todos esos tratados, protocolos y acuerdos internacionales la amenaza nuclear es hoy una realidad y no es precisamente el programa nuclear iraní el que genera el peligro.
Fuentes oficiales aseguran que en la actualidad Estados Unidos posee 6 mil misiles nucleares, Rusia 5 mil, China 400, Francia 350 y Gran Bretaña 200.
Súmese a esto al aliado incondicional de EE.UU en el Oriente Medio, Israel, quien se encuentra en posesión de un número indeterminado de ojivas nucleares y el mayor arsenal militar de la región, según reconocimiento oficial de algunos miembros de la cúpula gobernante.
Ante semejantes argumentos las condenas de la ONU contra la República de Irán por constituir una amenaza nuclear o tildar a esa nación de ser la principal violadora del TNP podría ser una broma macabra, si no estuviera en juego el futuro de la humanidad.
El Programa nuclear iraní fue fomentado precisamente por EE.UU. durante la Guerra Fría en el año 1957, cuando se firmó un acuerdo de cooperación nuclear civil, bajo el programa Átomos para la Paz.
Henry Kissinger, en aquel entonces secretario de Estado del presidente Gerald R Ford, fue uno de los más vehementes promotores de la idea, hoy es uno de los principales jueces de la nación persa.
Al ser interrogado por la periodista Dafna Linzer, de The Washington Post, por su posición actual, respondió: “Ellos eran en ese momento un país aliado".
Lo importante no es que se produzca energía atómica con fines bélicos, ni cuantas cabezas nucleares tenga un país, lo perentorio es quién.
El Irán del siglo XXI ya no es el aliado de EE.UU y Occidente, es una piedra en el zapato, una espina clavada en el costado, que de alguna forma hay que sacar del medio, sin importar el precio para la humanidad de tan descabellada aventura bélica.
