Legalizar las drogas para ilegalizar a Uribe

En Bolivia, Colombia, Perú, los químicos, galenos, especialistas y sicólogos honestos aceptan de buen grado, porque así se ha demostrado científicamente, que la hoja de coca es muy útil en el tratamiento de trastornos de las vías digestivas, cólicos, espasmos intestinales, calambres del estómago, dispepsia, diarreas, etc. Por si fuera poco, es relajante, tónica y estimulante. Usada como gargarismo, atenúa el dolor producido por inflamaciones de la boca, encías y garganta. Su infusión (que bebió con placer la reina Sofía durante una visita a La Paz) se recomienda como tónico contra la melancolía, la depresión y algunos tipos de afección nerviosa, avivando además las funciones del cerebro. Pero, como en muchos otros casos (tabaco, alcohol, café, etc.), el abuso de esta planta es perjudicial, originando trastornos parecidos a la, embriaguez y el delirio. Como vemos pues, es el exceso y no el consumo responsable, lo que hace que la hoja de esta planta sea en general, claramente dañina para el ser humano… aunque beneficiosa, sobre todo si residimos en lugares donde la altitud llega a más de 2.000 metros sobre el nivel del mar.
Lo malo es que, como sucede casi siempre, llegaron los yanquis y se armó la marimorena. El refresco que muchos nos negamos a beber, fue creado el 5 de Mayo de 1886. por John Pemberton, pero fue un tal Frank Robinson quien le dio el nombre, diseñando el célebre logotipo y vendiéndolo por vez primera en aquel mismo año, en una farmacia de Atlanta (Georgia), anunciado como un brebaje sin alcohol, ideal para males de estómago, que ayudaba a paliar las jaquecas y curaba afecciones nerviosas. En su primer anuncio publicitario, que apareció en el rotativo Atlanta Journal el 27 de Mayo de aquel mismo año, se ponía de relieve sus grandes cualidades como bebida y refresco: "Deliciosa, refrescante, estimulante y vigorizante".
